Om Fantasmas de Carabobo
"La noche no termina en la Venezuela de 1814.
El humo de los incendios se sumerge en la hediondez a mierda y a carne chamuscada, hediondez a árboles quemados. Se quema el rancho y se quema el niño de meses allí dentro. La candela va por aquí y por allá, y muchos la alzan en teas encendidas para tirarlas con fuerza y alegría. Más pavoroso que la candela y el humo, más insoportable que los malos olores que hacen fiesta por donde quiera, son los gritos de barriga abierta y de pecho perforado por la lanza; son gritos sobre gritos de lado y de frente, puyudos, terribles y dolorosos, metálicos de hierro rojo y de carne roja, del que perdió el brazo de un machetazo, del que perdió el ojo de un plomazo, del que están persiguiendo para lancearlo, del que están arrastrando por la calle, de la mujer con las tetas afuera y perseguida por tres, por cinco, después por diez y hasta por veinte; son los gritos del degüello y de la violación masiva, alegre, simiescamente alegre; son gritos de victoria. Todo esto en el caserío azotado con la llegada de la caballería infernal del Taita Boves. Con él llega el averno de jinetes que vienen de ganar en batalla y se dedican a lo suyo: al saqueo del pueblo que le dio cobijo a la derrotada tropa patriota.
Es un día más en el infierno del año 1814 donde impera un Boves que andaba haciendo de las suyas y haciendo lo que su gente quiere, lo que su gente desea. Su gente son los negros, prietos y morenos, y los marrones. Su tropa es la tierra y las piedras. Su tropa es una venganza. Su tropa, más que gente, es la llama propagada de la violencia reprimida y la que sale del hambre y del látigo que desgarra la carne en mayor rochela criminal.
El Taita instala su corte roja en medio de la plaza de un pueblo aquelarre. Mientras beben, violan, roban, comen y se visten con camisas nuevas, el Taita Boves aplica su justicia. Ya identificados o delatados los patriotas, Boves se sienta ante ellos sobre una silla que le trajeron de donde no se sabe que casa asaltada. Presentan ante él a un padre y a un hijo que no chillaron ni lloraron cuando los denunciaron como patriotas; al contrario, padre e hijo más bien muestran su rencor delante del propietario de aquel infierno. Son patriotas con conciencia, con convicción, y que están ante el propio Boves y no le muestran miedo."
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